Un trauma psicológico surge de vivir o presenciar una experiencia que superó tu capacidad de procesarla en el momento en que ocurrió: puede tratarse de un evento único e intenso o de situaciones repetidas a lo largo del tiempo, como violencia intrafamiliar, negligencia o experiencias adversas en la infancia.
No es necesario compartir los detalles de lo ocurrido para empezar un proceso terapéutico; el trabajo comienza donde tú te sientas listo o lista para hacerlo.