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Adicciones

La adicción no es una falta de voluntad:¿por qué la ciencia la clasifica como trastorno mental?

¿Por qué no para si sabe que le hace daño? La respuesta es incómoda: porque no depende solo de querer. La adicción es un trastorno mental reconocido que altera el cerebro no una decisión ni una falta de voluntad.

La adicción no es una falta de voluntad:¿por qué la ciencia la clasifica como trastorno mental?

LO QUE CAMBIA EN EL CEREBRO

Para entender la adicción es necesario hablar de dopamina. Este neurotransmisor cumple un papel central en el sistema de recompensa del cerebro: regula la motivación, el aprendizaje, el placer y la toma de decisiones. Cuando consumimos una sustancia adictiva, se produce una liberación masiva e artificial de dopamina mucho mayor que la que generan experiencias naturales como comer o relacionarnos con otros.

Estudios con tomografía por emisión de positrones (PET) han documentado los cambios que ocurren en el sistema dopaminérgico de personas con adicción: alteraciones en la síntesis de dopamina, en su transportador y en los receptores postsinápticos (Hou et al., 2014). El cerebro responde a esta sobreestimulación reduciendo sus propios receptores de dopamina (una especie de mecanismo de defensa) lo que genera tolerancia: necesitar cada vez más cantidad para sentir el mismo efecto. Pero el daño no se limita al sistema de recompensa.

EL CEREBRO EN DESEQUILIBRIO: TRES SISTEMAS AFECTADOS

Investigadores como Noël, Brevers y Bechara (2013) proponen un modelo de tres sistemas neurales que explica por qué una persona con adicción toma decisiones que parecen irracionales desde afuera:

1. El sistema impulsivo (amígdala-estriado) se vuelve hiperactivo. Este sistema opera de forma automática y prioriza la gratificación inmediata. En personas con adicción, este sistema responde de forma exagerada a los estímulos relacionados con el consumo un olor, un lugar, una persona, un estado emocional.

2. El sistema reflexivo (corteza prefrontal) se vuelve hipoactivo. Esta región del cerebro es responsable del control de impulsos, la planificación a largo plazo y la toma de decisiones. Su debilitamiento explica por qué es tan difícil "simplemente parar": el freno que todos usamos para regular nuestras conductas está dañado.

3. La ínsula (que integra las señales del cuerpo con las emociones y decisiones) contribuye a que el craving (el deseo intenso de consumir) se sienta como una necesidad física urgente, no como una preferencia.

Este desequilibrio neurológico no es una metáfora. Es medible, observable y documentado.

LA ADICCIÓN COMO ENFERMEDAD CRÓNICA: EL DEBATE Y EL CONSENSO

Durante años ha habido debate académico sobre si la adicción debe clasificarse exclusivamente como enfermedad cerebral o si deben considerarse también los factores conductuales, sociales y contextuales. Este debate es legítimo y enriquecedor.

Sin embargo, una revisión amplia publicada en Neuropsychopharmacology por Heilig y colaboradores (2021) concluye algo fundamental: negar que la adicción tiene base neurobiológica es una postura dañina, porque reduce el acceso al tratamiento médico y psicológico, y perpetúa el estigma que ya de por sí enfrenta quien la padece.

Los autores reconocen que la adicción no determina el destino de una persona (la recuperación es posible y ocurre) pero señalan que el cerebro es el sustrato biológico desde el cual surge tanto la adicción como la capacidad de cambio. Ignorar eso es ignorar la evidencia.

Lo que sí sabemos con claridad es que la adicción comparte características con otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión: hay una base genética parcial, el estilo de vida influye, las recaídas son parte del proceso, y el tratamiento funciona aunque no siempre a la primera (Mao et al., 2023).

¿POR QUÉ RECAEN SI YA HABÍAN PARADO?

Más del 60% de las personas en recuperación de un trastorno por uso de sustancias recae dentro del primer año (Mao et al., 2023). Este dato suele interpretarse como un fracaso del tratamiento o de la persona. Pero desde una comprensión clínica, la recaída es parte del patrón de cualquier enfermedad crónica, no una prueba de que la persona "no quiere".

Los factores que más se asocian con la recaída son los estímulos condicionados: situaciones, emociones, personas o lugares que el cerebro aprendió a asociar con el consumo. Cuando la persona se expone a ellos, el sistema impulsivo se activa de forma casi automática, mientras el sistema reflexivo (ya debilitado) lucha por mantener el control.

Esto explica por qué el tratamiento no puede limitarse a la desintoxicación. Requiere un trabajo sostenido sobre los patrones de pensamiento, las emociones, el contexto social y los detonadores específicos de cada persona.

FACTORES DE RIESGO: NO TODOS EMPEZAMOS DESDE EL MISMO PUNTO

La adicción no ocurre en el vacío. Aguilar Bustos (2012) identifica al menos cuatro grupos de factores de riesgo que interactúan:

1)Individuales: vulnerabilidad genética, características neuropsicológicas, presencia de otro trastorno mental (ansiedad, depresión, trauma). 2)Familiares: historia de consumo en la familia, patrones de crianza, dinámica relacional. 3)Sociales: acceso a sustancias, presión del grupo, normalización del consumo en el entorno. 4)Educativos: dificultades escolares, ausentismo, problemas de integración.

Esto explica también por qué dos personas expuestas al mismo nivel de consumo no desarrollan el mismo grado de adicción. No es una cuestión de fuerza de voluntad: es una interacción compleja entre biología, historia personal y contexto.

LO QUE IMPLICA ESTO PARA EL TRATAMIENTO

Reconocer la adicción como trastorno mental tiene consecuencias directas sobre cómo se trata y cómo se acompaña a quien la vive.

Primero, elimina la culpa como herramienta terapéutica. La culpa no ayuda a recuperarse; de hecho, suele ser un factor que mantiene el ciclo de consumo. Lo que sí funciona es una intervención estructurada, basada en evidencia, que atienda tanto los aspectos neurobiológicos como los psicológicos y relacionales.

Los enfoques con mayor respaldo científico para el tratamiento de las adicciones incluyen la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), la prevención de recaídas y (cuando hay un trastorno mental coexistente) un abordaje de doble diagnóstico que atienda ambas condiciones de forma simultánea.

Segundo, coloca el foco donde corresponde: en el proceso, no en la persona. La pregunta no es ¿por qué no puede parar?, sino ¿qué necesita para poder hacerlo?

SI TÚ O ALGUIEN QUE CONOCES ESTÁ ATRAVESANDO ESTO

La adicción tiene tratamiento. La recuperación es posible. Y pedir ayuda no es rendirse es el primer paso real hacia el cambio.

Si estás en Tijuana, Rosarito o buscas atención en línea, puedo acompañarte en ese proceso. Atiendo adicciones, trastornos duales y familias que conviven con el consumo de un ser querido.

Agenda una primera sesión aquí o escríbeme directamente por WhatsApp al 664 418 6900.

Sobre la autora

Dra. Rocío Araceli Velarde Gudiño, Psicóloga Clínica. Licenciada en Psicología (cédula profesional 10966004), Maestra en Terapia Familiar y Adicciones (cédula profesional 13477395) y Doctora en Psicología.

Nota importante

Este artículo es psicoeducativo y no sustituye una valoración clínica individual ni atención médica.

Referencias

  1. -Aguilar Bustos, O. E. (2012). Algunos factores relacionados con las adicciones. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 17(2), 69–70.
  2. -González Llona, I., Tumuluru, S., González-Torres, M. Á., & Gaviria, M. (2015). Cocaína: una revisión de la adicción y el tratamiento. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 35(127), 555–571. https://doi.org/10.4321/S0211-57352015000300008
  3. -González-Roz, A., Secades-Villa, R., Martínez-Loredo, V., & Fernández-Hermida, J. R. (2020). Aportaciones de la economía conductual a la evaluación, la prevención y el tratamiento psicológico en adicciones. Papeles del Psicólogo, 41(2), 91–98. https://doi.org/10.23923/pap.psicol2020.2922
  4. -Heilig, M., MacKillop, J., Martinez, D., Rehm, J., Leggio, L., & Vanderschuren, L. J. M. J. (2021). Addiction as a brain disease revised: why it still matters, and the need for consilience. Neuropsychopharmacology, 46, 1715–1723. https://doi.org/10.1038/s41386-020-00950-y
  5. -Hou, H., Wang, C., Jia, S., Hu, S., & Tian, M. (2014). Brain dopaminergic system changes in drug addiction: a review of positron emission tomography findings. Neuroscience Bulletin, 30(5), 765–776. https://doi.org/10.1007/s12264-014-1469-5
  6. -Mao, S., Chou, T., & D'Orsogna, M. R. (2023). A probabilistic model of relapse in drug addiction. Mathematical Biosciences. https://doi.org/10.1016/j.mbs.2023.109085
  7. -Noël, X., Brevers, D., & Bechara, A. (2013). A neurocognitive approach to understanding the neurobiology of addiction. Current Opinion in Neurobiology, 23(4), 632–638. https://doi.org/10.1016/j.conb.2013.01.018